Cada año, en el mes de octubre nos preparamos para una celebración tan importante, que es el día de los muertos, que se celebra el 1 y 2 de noviembre, donde nosotros hacemos una gran celebración para honrar a nuestros muertos, de reunirnos y poder recordar a todos nuestros seres queridos. Hoy en día nosotros celebramos con grandes fiestas, desfiles de calaveras, catrinas, esqueletos o grandes obras teatrales con temática para el día de muertos, y decorando altares con flores cempasúchil.

¿Pero cómo se originó el cempasúchil y como se empezó a volver algo tan tradicional para estas celebraciones? El cempasúchil crece en otoño, muy cerca de esas fechas. El cempasúchil surge de una historia de amor entre una pareja de jóvenes aztecas, Xóchitl y Huitzilin. Ellos se conocían desde muy pequeños, crecieron juntos, jugaron juntos y formaron una gran amistad hasta que se convirtió surgió el cariño entre ambos. Su amor era tan grande que subían a la cima de una montaña para regalar flores a Tonatiuh, el dios del sol, donde se decía que ahí residía, ya que, en lo más alto de la montaña, el sol brillaba con mucha fuerza. Daban todo el camino lago para pedir a Tonatiuh su bendición y cuidado para que su amor dudara hasta el final de los tiempos. El dios del sol estaba conmovido por el cariño que se tenían estos jóvenes y los bendijo.

Pero desde ahí comenzó la tragedia, donde de manera tan repentina, Huitzilin tuvo que irse a una batalla para defender a su pueblo, y así, fueron separados de la guerra.

Desafortunadamente Huitzilin murió en el campo de batalla, la noticia le llego a Xóchitl, y ella, sabiendo que nunca volvería a ver a su amado, quedo con un gran dolor que subió a la cima de la montaña para rogarle al Dios del sol que la dejara unirse a el por toda la eternidad. El dios, al verla tan adolorida, decidió convertirla en una preciosa flor de un color amarillo como el sol, pero sus botones estuvieron cerrados por bastante tiempo.

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Un día soleado, un colibrí se reposo en el centro de la flor. Esa ave era Huitzilin, la flor, quien reconoció a su amado, se abrió y mostro su precioso color amarillo, como si fuera el sol, mismo, y así, surgió la flor de veinte pétalos y del sol, quien pudo volver a ver a la persona más importante, Huitzilin, quien había tomado la forma de un colibrí para poder visitarla.

Cada vez que hay flores de cempasúchil y colibríes en ellas, quiere enseñar como el amor entre Huitzilin y Xóchitl sigue latente aun después de la muerte. Se dice que el aroma de cempasúchil guía a las almas de los difuntos en el camino, los guía con amor para todos esos seres queridos, para que así nos visiten cada año, tal como lo hizo esta pareja.

Ilustración por Marian Ricco
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Escrito por:zeromagazinemx

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