La masculinidad es parte de un constructo social que se refiere particularmente a rasgos característicos de los hombres donde se habla de fuerza, coraje y valentía.

Supongamos que tenemos una caja con la cual todos y todas nacemos, la de mujeres es rosa y la de hombres azul, dentro de esas cajas se encuentra lo que “está bien” o lo que se espera según nuestro género. En este caso, hablando de los hombres, al salirse de esa caja azul es lo que pone en riesgo la masculinidad. Por ejemplo, si un hombre se viste de rosa o no le gusta el fútbol y prefiere el ballet, eso pone en “duda su masculinidad” según los estereotipos que se nos han impuesto a lo largo de todo este tiempo. Siguiendo esta misma línea de qué es muy masculino y qué no es, prácticamente significa que alguien nos está diciendo «que es ser un hombre», pero espera… ¿En que momento nos dejamos de ver como personas y nos empezamos a identificar por etiquetas? Alguna vez has escuchado “el hombre tiene que mandar en la relación, si no es un mandilón”, “los hombres no lloran”, “a los hombres les debe de gustar los deportes rudos”, “los hombres son fuertes”, todas esas ideas erróneas nos han hecho tanto daño a nivel personal que se dan a conocer incluso al generar vínculos en nuestras relaciones. Los hombres obedientes a este patriarcado pasan más de la mitad de su vida reprimiéndose emocionalmente y creciendo como hombres violentos y con poder que “no sienten y no padecen”.

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Elisabeth Badinter es una filósofa que explica cómo funciona, “la masculinidad se basa en rechazar a los bebés, las mujeres y los homosexuales para no parecerse a ellos en nada. Representan todo lo que no quieren ser: seres de categoría “inferior”, dependientes, sumisos, débiles, cobardes, seres emocionales, cursis, miedosos, torpes, seres que necesitan protección. Además de rechazar a las niñas, también rechazan los afectos, los cuidados, la ternura, las emociones, y el amor. Cuando son adolescentes, lo tienen muy difícil a la hora de relacionarse con nosotras, porque no saben hacerlo en horizontal y tratarnos como a iguales.”

Pareciera que la única emoción que tienen permitida es la ira y el odio manifestado su violencia, no se dan la oportunidad de demostrarse vulnerables, donde en las relaciones si no dominan, no disfrutan, eso explica también porque les cuesta tanto trabajo comprometerse emocionalmente.

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Necesitamos desprendernos de todos esos estigmas, siendo mujeres, siendo hombres, el mundo no necesita más etiquetas que nos impidan confiar en nosotros mismos.

Escrito por:zeromagazinemx

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