Ejercicio de fuerza en niños y adolescentes: ¿se puede? ¿se recomienda?

Actualmente sabemos que un estilo de vida saludable incluye tanto actividad como ejercicio físico y la importancia de practicarlo durante toda la vida para reducir factores de riesgo de enfermedades y obtener beneficios adicionales a la salud.

Sin embargo, a veces no tenemos claro qué es lo que podemos o debemos hacer para cumplir con las recomendaciones de actividad y ejercicio físico o cuáles debemos incluir y practicar cotidianamente. En este sentido, cabe mencionar que el ejercicio de fuerza en niños y adolescentes tiene alrededor muchos mitos, por ejemplo, ¿Qué no se recomienda? ya que estos grupos poblacionales solo deben realizar ejercicio de tipo aeróbico, otro es que el hecho de incluir ejercicios de fuerza puede mermar el crecimiento y por último mencionaremos que se piensa que este tipo de ejercicio los hace a estos grupos poblacionales susceptibles de lesiones.

Si los anteriores fueran ciertos, de entrada, el ejercicio de fuerza no se incluiría dentro de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para los niños y adolescentes, pero sorpresa: si los incluye. Esto no quiere decir que vamos a llevar a un niño a un gimnasio a hacer un press de banca o militar con todo el peso que aguante, en realidad, al igual que cualquier otro individuo adulto o adulto mayor el entrenamiento para ellos también debe ser correctamente planificado. Además, debe también cumplir ciertos requisitos:

  1. Garantizar un entrenamiento saludable: Que no sea estresante o perjudicial y reducir lesiones.
  2. Llevar a cabo el entrenamiento atendiendo la edad biológica: Tener el conocimiento de la fisiología del desarrollo, para aplicar los estímulos correctos en el momento justo y evitar los negativos. Vale la pena mencionar en este punto, que la maduración no se ve influida o interrumpida por el entrenamiento deportivo.
  3. Perseguir la mejor reserva de adaptación posible a largo plazo: Es decir, la capacidad de mantener las capacidades físicas durante largos periodos de tiempo.
  4. Respetar las condiciones óptimas de entrenabilidad: Identificar y utilizar los periodos óptimos para provocar adaptaciones en el organismo.
  5. Afrontar la especialización del entrenamiento en el momento oportuno: A pesar de que existen deportes en los cuales la especialización ocurre a muy temprana edad como la gimnasia o los clavados, en general se recomienda no trabajar las condiciones específicas en grupos de edades anteriores a la pubertad ya que aún existe un estado biológico incompleto.
  6. Ajustarse a modelos de planificación a largo plazo.
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En general se persigue que los niños y jóvenes aprendan y dominen las habilidades deportivas y de movimiento fundamentales, así como los “ABCs”: agilidad, balance, coordinación y velocidad -por speed en inglés- pero en países industrializados como Estados Unidos y Canadá se ha desarrollado un modelo de desarrollo de atletas a largo plazo, el cual incluye 5 etapas de acuerdo con la edad de los niños y adolescentes.

  1. Fundamental (6 a 10 años):  Aprender las habilidades de movimiento fundamentales y los ABC’s utilizando un enfoque positivo y de diversión -FUN- en inglés.
  2. Entrenando para entrenar (10 a 14 años): Aprender a entrenar y las habilidades básicas de algún deporte específico con un 75% del tiempo de entrenamiento y 25% de competencia.
  3. Entrenando para competir (13 a 18 años): 50% del tiempo se desarrollan habilidades técnicas y tácticas y el otro 50% en entrenamiento específico para competir.
  4. Entrenar para ganar (mayores de 17 años): Optimizar el rendimiento con 75% del tiempo en competencia.
  5. Retiro: Cuando se deja de competir permanentemente.  Se busca prevenir el agotamiento físico y mental.
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Como podemos ver el entrenamiento puede ser más complejo de lo que pensábamos, pero sin duda es esencial tomar conciencia de la importancia de estimular y transmitir estilos de vida saludable en los niños y adolescentes. Uno de los mayores beneficios de estimular el movimiento, actividad física y ejercicio en estas etapas es la adherencia que genera a seguir realizándose de por vida (sin tomar en cuenta los beneficios cardiorrespiratorios, en la densidad ósea, en las habilidades cognitivas y muchos otros implicados), pero siempre debemos acompañar estas actividades con estilos de vida saludable, tales como una dieta correcta y no pensar que por hacer ejercicio «se puede comer lo que sea» sin tomar en cuenta las características tanto del individuo como de sus actividades y la promoción del movimiento en general.

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