Ejercicio físico impactando en la salud: los beneficios que no conocías

La actividad y el ejercicio físico impactan en nuestra salud, de eso no tenemos duda, sin embargo, muchas veces creemos que sus beneficios se limitan a mantener un peso saludable, mejorar la composición corporal, fortalecer el sistema cardiovascular, entre otros de los posibles efectos comunes que conocemos, pero tenemos poco o nulo conocimiento del alcance que tienen estos efectos y de lo que son capaces de generar en nuestro cuerpo.

En el tratamiento del sobrepeso y obesidad es común que se prescriba la realización de ejercicio, pero contrario a lo que podemos pensar, este no solo va a ayudar a la reducción de grasa corporal como tal, sino también tiene implicaciones a nivel químico en diferentes sistemas de nuestro cuerpo.

Por ejemplo, la obesidad es una enfermedad en donde la inflamación crónica está presente debido a cambios metabólicos ocasionados por el tejido adiposo y otros componentes llamados interleucinas. Estas cascadas inflamatorias, forman un círculo vicioso que promueve el aumento en la concentración de ácidos grasos en la sangre que conllevan otros problemas como la resistencia a la insulina (que a la larga podría provocar diabetes mellitus) y baja cantidad de oxígeno en las células, además el tejido adiposo secreta sustancias que continúan retroalimentando este ciclo hasta promover un alto estrés oxidativo, sí, ese que es perjudicial para todas las células de nuestro cuerpo y que es responsable del envejecimiento y muerte celular.

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La buena noticia es que el ejercicio físico tiene numerosos beneficios que pueden contribuir a mejorar todo este panorama y mejorar en general el estado de salud de cualquier individuo, yo quiero presentarte los siguientes:

  1. La contracción muscular promueve la producción de sustancias antiinflamatorias que van a disminuir todo el ambiente descrito anteriormente, por ejemplo, en un mediador químico conocido como “IL-6” que dentro del organismo tiene un papel inflamatorio, pero al ser segregado específicamente por el músculo su configuración cambia y actúa como antiinflamatorio e incluso puede inhibir la síntesis de otras moléculas proinflamatorias.
  2. Amplifica el gasto calórico incluso 48 horas después de realizado. Por ejemplo, el entrenamiento de fuerza o ejercicio de pesas que además de mantener o aumentar la masa muscular (la cual resulta realmente importante tal como pudimos ver con el ejemplo de IL-6) también mejora la sensibilidad a la insulina y ejerce funciones de regulación hormonal en un ambiente de amplio descontrol. 
  3. El ejercicio de intervalos de alta intensidad (HIIT) mejora la composición corporal a largo plazo y promueve la “biogénesis mitrocondrial”. ¿Qué significa esto? Que el número de mitocondrias aumenta, si recordamos nuestras clases de ciencias naturales sabremos que las mitocondrias son unidades donde se lleva a cabo la respiración celular, producción de energía y oxidación de ácidos grasos (lo que comúnmente conocemos como “quema de grasa”) el hecho de tener más de estas unidades se traduce en más oxígeno y menos estrés oxidativo, mayor producción de energía y mayor oxidación de ácidos grasos.
  4. En estudios realizados donde se tenían genes de predisposición genética a la obesidad (por ejemplo: FTO y MC4R) se encontró que los sujetos que no realizaban actividad ni ejercicio físico eran más propensos a tener sobrepeso, obesidad y adiposidad.
  5. Un estudio realizado en 2019 en sujetos rusos obtuvo como conclusión que las horas que se destinaban a actividad física y deportiva explicaban más variaciones en la composición corporal que el perfil genético y además existía una correlación directa entre la obesidad y el sobrepeso con el tiempo de comportamiento sedentario.
  6. En China se realizó un estudio en menores de edad y se encontró que el simple hecho de ir caminando a la escuela de manera diaria fue positivamente asociado con la obesidad sana. Aquí hacemos un pequeño stop ¿Cómo que obesidad sana? ¿eso existe?… El término obesidad sana hace referencia a un sujeto que padece obesidad, pero cuyos niveles de glucosa, triglicéridos, colesterol, etc., están dentro de los parámetros y no tiene un riesgo adicional de enfermedad o evento cerebrovascular, es decir, es metabólicamente sano. Pese a esto, debemos enfatizar que la obesidad es una enfermedad y por sí misma ya es considerada un factor de riesgo por lo que no es una condición saludable del ser humano.
  7. Todos los seres humanos nacemos con ciertos genes que pueden “expresarse” o “silenciarse”, si se expresan pueden inducir cambios y acciones específicas en nuestro organismo y si se silencian estas acciones no suceden. En un estudio realizado en niños españoles se analizaron 10 variaciones genéticas en donde mientras más genes de riesgo se tenían, más se asociaba con IMC, adiposidad total y adiposidad visceral mayores. No obstante, mientras más actividad física y menor tiempo de sedentarismo se presentaba en los niños, disminuía la expresión de ese conjunto de genes y se ejercía un “efecto protector”.
  8. El entrenamiento de fuerza contribuye al mantenimiento de la densidad ósea y masa muscular, además, genera la “hipertrofia compensatoria” sí, esa que todos buscamos al ir al gimnasio en donde existe un crecimiento del número o tamaño de las fibras musculares que provoca el verse mamey.
  9. Mejora de las funciones cognitivas y ejecutivas. Esta última es de especial interés ya que en ella reside el autocontrol, por eso no es casualidad que cuando la gente realiza ejercicio es más probable que a la par sostenga y respete un plan de alimentación o dieta de ciertas características, ya que se induce la mejora del autocontrol e incluso de control del apetito.

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Como podemos ver el ejercicio físico tiene enormes beneficios, sin embargo, debemos considerar que no siempre “más” es mejor. Se debe tomar en cuenta que tanto la intensidad como el volumen de entrenamiento deben tener un balance adecuado, de otra manera si se sobrepasan ciertos niveles, el ejercicio físico pudiera ocasionar efectos adversos, por ejemplo, disparar el cortisol (hormona del estrés) e incluso, irónicamente, promover la inflamación… ¿Cómo? ¿No que la disminuye? Si, en una medida adecuada vimos que el ejercicio trabaja como antiinflamatorio, pero en exceso conduce a procesos catabólicos e inflamación a largo plazo.

Por último, debemos enfatizar que a pesar de que el ejercicio parece mágico en muchos aspectos no por eso debe trabajar en solitario, es decir, siempre debe estar acompañado de estilos de vida saludables tales como una dieta correcta, promoción del movimiento, buenos hábitos de higiene, evitar consumir tabaco, alcohol y drogas, entre otros, sobre todo si lo que se persigue es un objetivo específico, aunque de manera general es importante incluir todos estos aspectos para vivir la salud plenamente y prevenir o reducir el impacto de enfermedades en nuestro cuerpo, ya hemos visto esto en un contexto actual con la pandemia de Covid-19, en donde  el sedentarismo, sobrepeso y obesidad incrementan los factores de riesgo de contraer esta enfermedad e incluso tener complicaciones graves, por lo que tal vez hace falta volver a plantear nuestras prioridades y comenzar poco a poco con la inclusión de la actividad y ejercicio físico en nuestras vidas.

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