psicología

TUS ACCIONES IMPORTAN, HAZTE RESPONSABLE.

Tener una relación de cualquier índole, ya sea amorosa o de amistad, supone un compromiso implícito al que ambas partes acceden al inicio de la relación. Sin embargo, cuando este compromiso no está claro puede ocasionar conflictos emocionales que pudieron haberse evitado siendo claros al respecto.

Por: Victoria Medina

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Aunque ninguna relación es igual, pues existen muchos tipos y todas se forman con el fin de compartir un sentimiento, por lo que su fundamento es, en gran medida, la actitud individual que cada miembro aporte a la relación, así como lo que cada uno espera respecto al otro para lograr una sana convivencia. Si no conocemos las intenciones del otro desde un inicio estaremos entrando a ciegas a este vínculo, como firmar un contrato sin leer las letras chiquitas, lo que no es muy responsable de nuestra parte.

Con las relaciones pasa lo mismo, debemos ser honestos y aclarar desde un inicio lo que estamos buscando y lo que estamos dispuestos a ofrecer, demostrando así que somos lo suficientemente maduros como para ser responsables con las emociones del otro, respetando sus sentimientos tanto como queremos que respeten los nuestros. Y es aquí donde radica la importancia de la responsabilidad afectiva.

¿Cuál es la responsabilidad afectiva? La sexóloga y terapeuta sexual, Vivián Dufau, la define como “tener presente que todo acto tiene sus consecuencias y uno debe hacerse cargo de ellas… En ese sentido, implica que si uno está en relación con otra u otras personas, todo acto que realice va a tener una consecuencia en esa o en esas personas. Tiene que ver con la empatía”.

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Pudiera parecer que hablamos de algo lógico al entablar cualquier tipo de relación, ¿no? Pues cuando buscas relacionarte con alguien es porque tienes algún sentimiento hacia la persona con la que estás, y no porque busques hacerle algún daño. La responsabilidad afectiva promueve precisamente eso, hacernos responsables del efecto que tenemos en las emociones del otro con nuestras palabras y comportamiento, escuchando activamente para formar acuerdos mutuos y respetuosos para cada uno como individuo y como pareja.

Iniciar una relación de cualquier tipo supone que nuestras acciones repercutirán en alguien más de manera directa, llegar a acuerdos –implícitos o explícitos– no es sinónimo de que nunca habrá problemas o desilusiones, más bien ayuda a disminuir el dolor innecesario provocado por los malos entendidos y expectativas que tenemos sobre el otro, evitando que el poder y control recaigan sobre un solo miembro de la relación y teniendo un terreno más equitativo.

Podría sonar como algo esclavizante o como ponerle un montón de reglas a una relación y restarse libertades, pero realmente lo que se propone es que seamos responsables de nosotros mismos, el efecto que producimos sobre el otro y, que de esa forma, todos en la relación tengan la misma dosis de libertad para decidir y actuar dentro de ella.

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La honestidad, el respeto y la empatía, son algunos de los valores más básicos para desarrollar una sana convivencia, y son justo estos valores los que se busca reforzar mediante la responsabilidad afectiva. Es importante tenerlos siempre presentes y en práctica, pues se ha visto que la falta de alguno de ellos incrementa el índice de agresividad dentro de las relaciones. Actuar con responsabilidad en todas nuestras relaciones es una forma de decir que no somos lo único que importa, sino que todos tienen el mismo valor, importancia y poder de decisión. 

Actualmente las relaciones amorosas han evolucionado y la monogamia no es la única forma de relacionarse, aunque sigue siendo el prototipo que algunos buscamos o esperamos, no es el ideal que todos buscan. Es válido querer estar en un tipo de relación diferente, siempre y cuando se tenga la responsabilidad de hablarlo antes con los demás para que estas relaciones no sólo funcionen sino que se mantenga un estado saludable en el que todos los miembros estén satisfechos con la relación que se lleva.

En otras palabras, es válido cuando quieres llevar una relación más abierta pero no es válido relacionarte con alguien más sin informarle de tus expectativas sobre la relación para que pueda decidir si es el mismo tipo de relación que está buscando iniciar. Exponer desde un principio lo que buscas y lo que estás dispuesto a ofrecer a la relación es un acto de responsabilidad que todos deberíamos practicar, teniendo en cuenta que todas las relaciones son únicas en sus objetivos y necesidades.

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La responsabilidad afectiva procura evitar el dolor innecesario, daños emocionales propios y de terceros mediante relaciones honestas, respetuosas y empáticas que permitan un trato más sano y maduro. Hay que aclarar que la responsabilidad no nos libra ni exime de sufrir sino que, al tener claras las reglas del juego, se crea un ambiente más equitativo donde cada uno puede decidir.

No significa que vamos a ir por el mundo tratando a todos con pinzas para evitar lastimarlos, sino que es una forma de construir relaciones maduras donde todos cuidamos de las emociones de todos, recordando que somos seres sociales que coexistimos con otros que son igual de importantes que nosotros. Hacernos conscientes del impacto que nuestras acciones, palabras o la falta de estas tienen sobre los demás puede ahorrarnos conflictos, discusiones y malos entendidos.

Y no es que al hablar de nuestras intenciones dentro de una relación es que vayamos a obtener siempre lo que queremos, pero sí nos ayudará a formar acuerdos en los que se encuentre un punto medio donde todos los involucrados se sientan cómodos, respetados y seguros, al no tener sufrimiento innecesario al romper con las ideas y proyecciones que se habían formado pero que no se habían aclarado o establecido.

Bibliografía

Gago, S. (2019) ¿Qué es la responsabilidad afectiva? El País. Disponible en https://www.elpais.com.uy/domingo/responsabilidad-afectiva.html#:~:text=%E2%80%9CLa%20responsabilidad%20afectiva%20significa%20tener,esa%20o%20en%20esas%20personas.

Wojtyla, K. (2008). Amor y responsabilidad (Vol. 35). Biblioteca Palabra.

Sanmartín, M. Carbonell, A. Baños, C. (2011). Relaciones entre empatía, conducta prosocial, agresividad, autoeficacia y responsabilidad personal y social de los escolares. Psicothema, 23(1). [pp. 13-19].

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