psicología

EL PODER DE LA MENTE PARA BAJAR DE PESO: LA IMPORTANCIA DE LAS EMOCIONES PARA VENCER LA OBESIDAD.

Quizás alguna vez escuchaste la frase “se come sus emociones” refiriéndose a los hábitos alimenticios de alguna persona probablemente con sobrepeso, pero, ¿conoces la verdad que esconden estas sencillas palabras?

Victoria Medina

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El sobrepeso y la obesidad son enfermedades cada vez más frecuentes en nuestra sociedad, tan alta es su presencia alrededor del mundo que ha sido catalogada como la epidemia del siglo XXI. En nuestro país se considera un problema de salud pública al que se combate con iniciativas dirigidas a la nutrición y el ejercicio, pero sin tomar en cuenta el componente emocional.

La relación que tienes con la comida y la percepción que desarrollas de cada uno de los alimentos que ingieres tienen un valor tan importante en el cumplimiento de una dieta saludable como lo es el alimento en sí mismo. La comida es parte indispensable para sobrevivir, y no sólo por el aporte de energía que brinda al cuerpo, sino por las representaciones que a lo largo de la historia le hemos dado, es ese significado implícito el que influye en las elecciones que tomamos respecto a nuestros alimentos, la cantidad, momento, calidad y forma en que los consumimos.

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En nuestra cultura, la comida tiene un papel fundamental en la vida de las personas: pérdidas, alegrías, amores, desamores, apapachos, familia y muchos otros acontecimientos que están rodeados con la comida. Éstas relaciones las vamos creando desde la infancia cuando nos “premian”, por ejemplo, con nuestro dulce favorito cuando tenemos buenas calificaciones. Podría parecer un motivador inofensivo pero es el trasfondo que se crea de “merecer” la golosina para evitar la culpa lo que influye en el deterioro de la relación con la comida.

Cuando tomamos una decisión en cualquier área de nuestra las emociones juegan un papel importantísimo, tanto que se nos sugiere no tomar decisiones en estados de euforia o de enojo. Cuando se trata de comida esta influencia no es diferente, pues la emociones van a influir en los alimentos y hábitos alimenticios que seleccionemos, precisamente por las relaciones que hemos ido creando y que llegan incluso a servir como un escudo para mantener la negación ante problemas, carencias o dificultades emocionales que no queremos afrontar.

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Las emociones que nos impulsan a tomar decisiones en nuestra alimentación no son la razón de los malos hábitos, sino el hecho de que no hemos aprendido a afrontarlas de manera adecuada. Es decir, no es malo querer consentirte con un helado después de un día difícil, el problema aparece cuando en lugar de reconocer las emociones que te generaron las dificultades del día te escondes detrás de litros y litros de helado, volviéndose una conducta destructiva para tu estado de salud.

Aunado al chantaje emocional que nos enseñó a utilizar cierto tipo de alimentos como premios, aparece el sentimiento de culpa por ingerirlos “sin habérselo ganado”. No ser capaces de reconocer este sentimiento de culpabilidad al comer incrementa el riesgo de consumirlos sin conciencia ni moderación, reforzando las malas conductas alimentarias que nos hacen pensar que no podemos cambiar nuestra manera de nutrirnos.

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No es un secreto que al hablar de dietas o alimentación saludable lo primero que viene a nuestra mente es la idea de restringir nuestros alimentos, dificultando el proceso de cambio de hábitos pues compramos la idea de que algunos alimentos, como por arte de magia, se vuelven prohibidos y no debemos volver a consumirlos si esperamos ver resultados en nuestra lucha contra el sobrepeso. 

La idea de tener que empezar a rechazar la comida a la que estábamos acostumbrados nos causa incomodidad, y aunque empezamos decididos a mejorar nuestra alimentación, este sentimiento continuo de estar sufriendo nos puede hacer flaquear y volver a lo de antes. Entonces, ¿no sería mejor trabajar nuestras emociones para mejorar nuestra relación con lo que comemos?

Podemos empezar por cambiar el enfoque que se le ha dado a la palabra dieta, que se ha relacionado con sufrir, restringirse o dejar de disfrutar de la comida. Trabajar estas emociones ayudará a establecer una relación realmente sana con aquello que nos llevamos a la boca, pues cada bocado que tomemos lo haremos de manera consciente sin buscar enmascarar un problema de fondo.

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Una buena forma de empezar es auxiliarse con profesionales de la salud, y no sólo los nutriólogos que han estudiado la química de los alimentos, sino también de psicólogos que nos ayuden a desenredar las emociones que nos estamos comiendo sin darnos cuenta y que nos impiden alcanzar nuestros objetivos. La psiconutrición puede ser la herramienta que te hace falta para cambiar tus hábitos alimenticios sin morir en el intento y, lo que es mejor, disfrutando el proceso.

Seguir catalogando cierto tipo de comida como “mala” o “prohibida” incrementa los niveles de culpa y ansiedad que se sienten por ingerirlos o incluso sólo con sentir el antojo por comer. Disfrutar la comida en lugar de sentir culpa es más efectivo para modificar los hábitos y disminuir el riesgo de atracones.

Una buena estrategia para comenzar a reconocer la relación que hay entre nuestras emociones y nuestros alimentos, es conectarnos con lo que sentimos antes, durante y después de ingerir cierto tipo de alimentos. Este ejercicio puede parecer sencillo o poco efectivo para la pérdida de peso, pero al realizarlo podemos empezar a reconocer la diferencia entre hambre física y hambre emocional, siendo esta última la que más se interpone con nuestros objetivos.

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El hambre física es la respuesta del cuerpo para mantener los niveles de energía óptimos para seguir funcionando, aparece de manera paulatina y nos permite seleccionar alimentos adecuados para suplir las necesidades presentes. Por otro lado, el hambre emocional aparece de manera súbita y con una sensación de urgencia por ingerir un alimento específico que nos ayude a seguir enmascarando la emoción que la desencadenó y que es desagradable.

Al reconocer estas emociones podemos hacerles frente para aprender a lidiar con ellas de una manera más saludable, sin afectar nuestra relación con los alimentos. Llevar una alimentación saludable va más allá de los alimentos que ingieres, dejar de sentir culpa y ocuparte de tu salud emocional podría ser la herramienta que necesitas para alcanzar tus objetivos de vivir una vida saludable.

Bibliografía

Martín, G. H., & Ramírez, C. A. (2019). Psiconutrición. Aprende a tener una relación saludable con la comida. Editorial Almuzara.

Domínguez, G. (2018). Relevancia del abordaje psicológico en la atención integral de la obesidad. Multidisciplinary Health Research, 2(3). https://doi.org/10.19136/mhr.a2n3.2375

Lozano, V. (2018). Psiconutrición: Las emociones y su impacto en tu alimentación con Elisa Markhoff. 1° Cumbre Internacional: El Futuro de la Salud. [Archivo de video]. https://www.youtube.com/watch?v=MqhfciOJdTc&list=TLPQMzAwOTIwMjCQJsnNy2mTsg&index=4

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