Entretenimiento

CUENTO: DE TEORÍAS Y AMOR

Daban las doce de la noche y el antro estaba abarrotado. Sonaba música de los ochenta por todo el lugar y caían del techo luces de color neón. 

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Escrito por: Francisco Hernández Verdiguel. 

Bailábamos sin parar, sudando todo el alcohol que estábamos ingiriendo. Todos nos volteaban a ver mientras nos movíamos desenfrenados, como si mañana fuéramos a morir. 

Entonces te vi, iluminado bajo una luz violeta, te volteé a ver como si tu energía me atrajera como un imán. Tus ojos me veían de abajo hacia arriba. Sentí como mi corazón empezó a latir de forma mucho más acelerada de lo que ya estaba. Te vi bajo ese halo de luz y  algo me decía que ya te conocía. Me acerque hacia a ti, casi como si me estuvieras llamando con tu mente.  ¿Qué tan grande era tu fuerza de atracción? 

Te veía y te me hacías familiar, casi como si ya nos hubiéramos visto hace tiempo. Ese lunar que tenías en la mejilla, tu ceja poblada y la barba que llevaba. Te conozco, pensaba mientras me acercaba hacia a ti. 

Recordaba que había leído en un artículo teorías que hablaban de vidas y amores pasados, de personas que se vuelven a reencontrar en una nueva vida, aunque ya hubieran tenido una historia de amor en alguna otra vida.

Yo tenía la ligera esperanza de que eso me pasaría. Que quizá en una vida pasada estuve enamorado tanto de alguien que, al morirnos, prometimos volver a encontrarnos. 

Te miré esa noche y yo sabía que ya te conocía. Nunca nos habíamos visto antes, pero cuando encontré tu cara se me hizo tan familiar. 

Entonces estuvimos juntos toda la noche. Nos saludamos como si ya nos conociéramos, bailamos y cuando nos besábamos sentía algo tan diferente, casi como si mi piel recordara la forma de tus labios, la sensación de tus besos y lo cálido de tu aliento. Reímos, jugamos a conocernos de nuevo aunque ambos sabíamos que algo mágico había sucedido antes. 

—¿Te conozco? Yo sé que te conozco. Ya había soñado con este momento. 

Me dijiste mientras bailábamos. Yo no sabía a bien qué contestarte. 

—Me acuerdo haberte soñado. Estábamos los dos en un carro. Yo iba manejando mientras tú ibas contemplando la costa. Recuerdo ver tus cabellos volar con la brisa del viento. Tu risa, como la que me has mostrado antes… Me encantaba verte sonreír. Estábamos en la carretera y nos íbamos de viaje. 

De pronto un recuerdo vago llegó a mi mente, y es que siempre tuve ese sueño o ilusión de recorrer la costa con alguien. Siempre lo imaginaba tan perfecto en mi mente, casi como si ya lo hubiera vivido  tiempo antes, fue entonces que me contaste tu sueño que todo hacía sentido.

Tomamos un trago y nos quedamos callados. Todo esto parecía un sueño o algo irreal. 

—Tengo está teoría, quizá y ya nos conocíamos. No sé, suena muy fantasioso  pero ya te conozco. Te veo a los ojos y sé que fuiste real. Dime si aún le tienes miedo a los insectos, si aún amas a los gatos, que te gusta correr porque eres el mejor en eso, que te da miedo la oscuridad y siempre estás soñando despierto. 

La música del lugar, las luces y las personas dejaron de existir. Después de esas palabras comencé a llorar. Te miraba incrédulo esperando que todo fuera una broma. Pero sabíamos bien que estar los dos en el antro esa noche, no era una mera casualidad. 

Nos besamos, como sellando de nuevo ese pacto que habíamos hecho. Nos besamos y todo tuvo sentido de nuevo. No nos quisimos separar. Mis amigas nos veían de forma tan extraña, nadie sabía lo que acababa de pasar. 

Nos intercambiamos teléfonos antes de irnos. Nos dimos un  beso, un abrazo y la promesa de volver a encontrarnos. 

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