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¿QUÉ HACE UN ESCORT EN ESTA CUARENTENA?

En la semana pasada te comentaba de cómo los hoteles se enfrentan a la nueva normalidad, sin embargo, también es importante mencionar a los trabajadores sexuales y cómo cambia su forma de trabajo esta situación sanitaria.

Por ello realicé una investigación en la que entrevisté a 2 escorts, con el fin de compartirte los nuevos retos a los que se enfrentan.

De acuerdo a cifras proporcionadas por la coalición contra el tráfico de mujeres y niñas en América Latina, hay entre 10 mil y 500 mil trabajadores sexuales en la Ciudad de México; población que desde tiempos históricos ha sido vulnerable a violencia, marginación y estigma. Sin embargo, en los últimos meses se han enfrentado a lo que nosotros llamaríamos “desempleo”.

Por: Irvin Daniel Vargas

El cierre de los hoteles de la Ciudad de México, por razones sanitarias, provocó que miles de trabajadores sexuales quedaran en la calle y sin un solo peso en sus bolsillos. ¿Te imaginas que seas el único sostén de tu familia y que te clausuren tu única fuente de ingresos?

Parte de las acciones que emprendió el Gobierno de la Ciudad de México, fue repartir 3,800 tarjetas de débito a las trabajadoras sexuales. Estas tarjetas tenían un saldo de $1,000 pesos, mismos que sólo se entregaban una única vez.

Tuve la oportunidad de entrevistar a “Mario”, quien es un trabajador sexual gay de 35 años con una década de experiencia. Hasta antes de la cuarentena su forma de trabajar era mediante una página de Internet en la que proporcionaba sus datos y los clientes le contactaban, posteriormente se acordaba el precio y el lugar de encuentro, que por supuesto es a cargo del cliente.

Me comentaba que el apoyo gubernamental “es una burla”, ya que el costo de su servicio es de mil pesos por hora y media. Y que en su día “más flojo” antes de la pandemia, por lo menos atendía 3 clientes, mientras que los fines de semana sus ingresos podían llegar a los 15 mil pesos por una noche completa, más los que se acumulara por los “servicios adicionales”. 

En estos momentos sólo atiende a sus clientes más cercanos, y lo hace en su departamento bajo estrictas medidas de seguridad, en los que me anticipó que no hay besos y usa careta durante todo el servicio.

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En el caso de las trabajadoras sexuales, me desplacé a las inmediaciones del Monumento a la Revolución en la colonia Tabacalera, donde entrevisté a “Anabel”, una mujer de 30 años con 14 de experiencia en el comercio sexual. 

Ella menciona que se ha enfrentado a crisis económicas e incluso a la epidemia de H1N1, pero los estragos por el COVID-19 son incomparables. La principal diferencia entre ambas epidemias radica en que ahora tiene un hijo de 4 años. Se encuentra desesperada, ya que únicamente atendió cuatro clientes en la semana pasada, a pesar de que se encontró en la calle cerca de 12 horas diarias. Sus gastos empiezan a consumirle los pocos ahorros que tenía, e incluso menciona que ya le debe un mes de renta a su casero.

En el caso específico de la prostitución femenina, Anabel me comentaba que son contados sus clientes frecuentes o “de planta”, por lo que depende de una habitación de hotel para poder prestar su servicio.

En una reunión con sus compañeras, acordaron instalar unos “cubículos” sobre la acera para trabajar con mayor seguridad, ya que además del COVID-19, también están expuestas a la violencia e incluso a ser asesinadas.

Menciona que el apoyo gubernamental sólo le sirvió para comprar provisiones para su hijo, sin embargo, ella no ha probado alimento sólido en 2 días, sólo bebe agua y algunos caramelos.

En este contexto, trascendió algunas semanas atrás que las trabajadoras sexuales se unieron para poder conseguir insumos básicos y con ello, hacer pequeñas despensas que fueron entregadas a su gremio. Sin embargo, respecto a las imágenes vistas en algunos medios, podríamos afirmar que no pasaban de 30 paquetitos, que, en una comunidad tan grande, es un apoyo ínfimo.

Si bien, legalmente la prostitución está prohibida en México, en la realidad es tolerada, pero es importante precisar que en los últimos años la mayoría de las detenciones a individuos es por la probable comisión del delito conocido como “lenocinio”, y en algunos casos más severos, por trata de personas.

Podemos deducir que aun cuando se tratan de situaciones diferentes, la prostitución masculina es mejor remunerada respecto a la femenina. Sin embargo, existen muchos activistas que han generado iniciativas en materia laboral que permitan reconocer la prostitución como un trabajo, y mediante ello, poder aspirar a las diferentes prestaciones que tenemos los asalariados, entre ellas se puede enlistar, derecho a seguridad social, posibilidad de retiro, atención médica, etcétera.

Aun cuando éstas prestaciones serían a cargo de los trabajadores sexuales, considero que muchos estarían a favor de pagarlas por los beneficios y la tranquilidad que les otorgaría, es importante precisar que en México sigue siendo un tema tabú, y se observa muy lejano que algún día se pueda tener una legislación de vanguardia adaptada al contexto actual; tal como la ha manejado el Reino de los Países Bajos con su Distrito rojo en Ámsterdam.

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