Entretenimiento

CUENTO: ALQUIMIA.

Escrito por: Francisco Hdez. Verdiguel.

Te volví a mirar a los ojos, te acercaste muy lento a mí y me besaste. Algo adentro de mí se encendió. Transmutaste tanto dolor en esperanza, algo que juraba estaba muerto, resucitó…

Entonces viajamos al mar, nos metimos hasta lo más al fondo que pudimos, juraba, que las olas me arrastrarían y ya no te volvería a ver. Fue entonces que tomaste mi mano y me llevaste de nuevo a la superficie. Tomaste mi mano y sin importar la fuerza de las olas, me llevaste de nuevo a tierra firme.

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Te miré tan incrédulo, pues cuando sentía que mi dolor era tan grande que nadie podía ayudarme, tú me salvaste.

Nos perdimos por semanas en la selva, ni siquiera recuerdo cómo llegamos ahí. Recuerdo que dijiste:

 —Si te pierdes, es que pronto vas a encontrarte. No entendí a bien lo que querías decir.

Tuve miedo a estar solo y no volver a verte; y navegar por la madre selva fue doloroso y solitario. Me enfrenté conmigo y con mis temores. Hubo un momento en el que me quería dar por vencido. Lloré como un bebé, pues ni siquiera sabía qué hacer. Encendí a duras penas una fogata y entre tanto moco y llanto, pude verte en el fuego bailando.

Mi corazón se conmovió y no sentí nada más que amor. Me prometí volver a encontrarte, y así pasaron días y noches, hasta que pude verte nadando en un lago. Tomaste con tus dos manos mi cara y entonces volviste a besarme. Era tanta tu luz que mirarte costaba trabajo.

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Cuídame cuando la tormenta caiga y no sepa donde refugiarme;  y si no me encuentro, por lo menos contigo sé que alguna vez existí. Que eres magia divina y un alquimista. Transmutaste con tus palabras e intenciones, tanto dolor que cargaba dentro.

Cuando te preguntaba si eras un ángel, solo reías y te ponías a cantar. Volví a llorar como un loco cuando me dijiste que te tenías que marchar.

—Tienes que dejar ir, y si no sabes cómo, no te preocupes es tan fácil como inhalar y exhalar. Ahora exhálame, y así me habrás soltado.

Recuerdo que exhalé y mis pulmones me dolían. Recordaba los momentos que habíamos pasado, pero mientras más consciente me hacía de mi respiración ya menos me dolía. Y entonces soltar fue la última alquimia.

Cuando te fuiste, cuando avanzaste a otro plano, a otro mundo lejano me miraste por última vez y sonreíste. Me dijiste:

—Todo estará bien.

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