Por: Francisco Hdez. Verdiguel. 

Conté hasta diez, mientras inhalaba profundo para quedarme dormido. Había leído antes de irme a la cama, un artículo donde te decía cómo tener un ‘sueño lúcido’. 

Borré todos mis pensamientos y solo me concentre en mi respiración. La noche estaba tranquila, no hacía calor ni frío, mis gatas estaban dormidas y yo tenía una gran curiosidad de poder vivir este tipo de experiencia. 

Al cabo de una hora sin poder lograr nada, decidí dormirme como lo hago normalmente. –Lo volveré a intentar mañana. Me dije, antes de cerrar los ojos. 

Desperté en medio de un bosque plagado de luciérnagas. El cielo era transparente así que podía ver las estrellas y uno que otro planeta. La luna era gigante y de color violeta. Había una enorme cascada en donde conejos y nutrias saltaban y caían a un gran cenote, lleno de luminiscencia. 

Un ciervo llegaba conmigo y me recibía con una corona de flores; me hablaban con pensamientos que se introducían en mi cabeza. También veía a lo lejos una banda de música, que la conformaban hipopótamos, changos y si no mal recuerdo un pelícano gigante. 

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Escrito por:zeromagazinemx

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