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Actualmente, las mujeres participan cada vez más en actividades profesionales, las cuales antes estaban asociadas como labores exclusivas de los hombres. Esto ha representado un gran reto para la mujer, sobre lo cual se han dicho y escrito muchas cosas, sin embargo, para los hombres, este cambio también ha afectado la forma de vivir en familia y en pareja, incluyendo los roles y actividades que desempeñan. Ahora muchos varones han tenido que adaptarse a las actividades domésticas.

Tradicionalmente, nuestra sociedad espera que el hombre funja el papel de  “proveedor de la familia”. No obstante, distintos factores han propiciado que este modelo familiar vaya evolucionando e incorporando nuevas formas de “funcionamiento familia”. Por ejemplo, hay parejas en las que ambos trabajan y se reparten algunas actividades relacionadas con el hogar; y existen cada vez más parejas, donde por diversos motivos, la mujer es quien sale a trabajar y el hombre es quien en mayor parte atiende el hogar.

Normalmente existe cierta resistencia al cambio, cuesta aceptarlo y cuando el hombre adopta roles que antes se asociaban exclusivamente a las mujeres, se presentan algunas otras condiciones que pueden influir en el éxito o el fracaso de dicho cambio. Por ello, es muy importante conocer la razón que determina el cambio de rol en cada caso, ya que resulta ser imprescindible para comprender las consecuencias que puede ocasionar.

Algunas causas comunes pueden ser la pérdida del empleo del varón, largos periodos de desempleo, mejores oportunidades de trabajo para la mujer (donde se requiere una mudanza o un horario complejo), el replanteamiento vocacional por parte del hombre, por lo que decide tomar un lapso de tiempo para cambiar su meta profesional, etc.

En cualquier caso, el primer reto que el hombre debe enfrentar es asimilar el cambio y todo lo que este conlleva; por ejemplo, quien pierde un trabajo puede llegar a sentirse triste, decepcionado, frustrado, enojado, etc., si además debe comenzar a cubrir actividades domésticas es posible que se sienta más frustrado y enojado todavía y asocie estas nuevas actividades con su “fracaso” laboral. Existe un doble reto, pues hay que adaptarse tanto al desempleo, como a las funciones que requiere el hogar.

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En los casos en los que el cambio de roles se deba a una crisis laboral o personal del hombre, el primero y más importante reto que éste debe enfrentar es recuperar su estabilidad emocional. Si logra superar este primer desafío, podrá retomar el control de su vida y, en consecuencia, decidir junto con su pareja y familia cuál es la mejor opción para seguir con su vida junto a su familia.

Aún hoy en día  es complicado que el cambio de roles en la pareja se dé por elección personal, más bien sucede como consecuencia de una crisis “para salir del paso”. No obstante, cada vez hay más parejas que sí deciden, cuando menos, compartir las responsabilidades tanto económicas como domésticas; se trata de  “parejas vanguardistas” que irán abriendo  camino a las generaciones futuras pero que, hoy en día, enfrentan toda clase de prejuicios que parecieran querer frenar este cambio cultural.

Estos prejuicios se basan en la idea de lo que el hombre debería de ser y, por lo tanto, las obligaciones que tendría que cumplir. Si bien los prejuicios están construidos a partir de las ideas más difundidas y aceptadas en nuestra sociedad que brindan las pautas a seguir que han funcionado a lo largo de muchas generaciones, cuando estos comienzan a  limitar el desarrollo personal, intelectual o profesional dejan de ser útiles y válidos, pues queda claro que no es lo que se espera

Por lo tanto existen al menos 3 presiones que el hombre que adopta actividades domésticas debe sortear:

  1. La más importante de todas tiene que ver con el efecto emocional que implica para el  tener que compartir actividades con su mujer. Habrá quienes lo tomen como un fracaso personal, habrá otros que se sientan aliviados/apoyados y habrá otros más orgullosos. Esta reacción tendrá que ver con la manera en la que cada quien interprete el cambio, de acuerdo a las condiciones actuales con las que viva y su propia historia personal.
  2. Los prejuicios por parte de los sectores más conservadores de la sociedad. Para lidiar con esto es importantísimo tener el apoyo de la pareja, de la familia y de los amigos.
  3. Adaptarse a las nuevas responsabilidades que tendrá que asumir. Esto incluye las actividades que tendrá que realizar, así como la nueva forma de relacionarse con su pareja e hijos.

La relación que el hombre establece con su familia se modifica cuando su rol implica la realización de más actividades de otro tipo; ya que adopta nuevas funciones en relación con sus hijos y su pareja. Por ejemplo, en el caso de un hombre que se hace cargo por completo del cuidado de los hijos, deberá aprender a manejar situaciones muy distintos a los que estaba acostumbrado como apoyar en las  de sus hijos, darles de comer, actuar como “árbitro” en las peleas de los hijos, etc., y, por supuesto, esto hace mucho más compleja la relación con ellos. Si tras cierto periodo de adaptación el hombre logra cubrir estos nuevos roles es muy posible que consiga establecer una relación mucho más fuerte y estrecha que antes con sus hijos.

Escrito por:zeromagazinemx

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